Cómo hacer que pierdan el miedo al dentista

Cómo hacer que pierdan el miedo al dentista

A diferencia de sus padres, el miedo de los pequeños a la hora de ir al dentista no tiene tanto que ver con el daño que le vayan a hacer a su bolsillo, sino que está más relacionado con el dolor o con el desconocimiento de lo que les van a hacer en su boca y si pueden hacerles sufrir.

Da igual que acudas a este dentista en Albacete o a esta clínica dental en Barcelona, el pánico a este tipo de profesionales está altamente extendido entre la sociedad, llegando incluso a que los niños (y los no tan niños) no cuenten a sus padres que sienten dolor en alguna pieza para no tener que ir a hacer una visita al dentista. Ya no hablemos de las disputas familiares acerca de la conveniencia de la ortodoncia, que suele doler más una vez puesta y durante días posteriores que en el momento en el que nos la colocan.

No obstante, debemos explicarles que los propios dentistas son conscientes del miedo que generan en los niños y que tratan de hacerles el menor daño posible e utilizar técnicas para que no sufran. Ir al dentista no es como hace años,;gracias a los avances técnicos y a los de la medicina, el paciente apenas se entera ahora de que están trabajando en su boca, aunque sí es cierto que es incómodo para un largo rato en una postura en la que quizás uno no se encuentra a gusto y con la boca abierta, secándose y cansándose de estar estirada.

Personalmente a mi me gusta mucho como abordan ese miedo en mi cínica de confianza que por si queréis ir os dejo el enlace a su ficha de google maps para que podáis encontrarlos en el siguiente enlace: Clínica Dental Garriga. Pero una de las formas de tratar de paliar este miedo en los más pequeños es pedir al dentista que use incluso una crema anestésica antes del propio pinchazo de la anestesia para que no sientan siquiera eso.De esa forma, si la primera vez que acuden no sienten nada de dolor, no tendrán malas experiencias que recordar para no querer volver.

Asimismo, podemos tratar de evitar que piensen poco en su visita al dentista invitando a sus amigos a jugar a casa para tenerlos entretenidos durante las horas previas a la cita con el odontólogo.

Podemos también relajarnos con información. La red es una gran fuente de contenidos, aunque debemos saber filtrar si somos algo hipocondriacos. Conocer qué es lo que puede pasarnos o en qué consiste una caries o un empaste, nos ayudará a explicárselo con claridad a nuestros niños y ellos podrán acudir a la cita con el dentista liberados de esa ansiedad de no saber qué es lo que va a pasar y ese miedo a lo desconocido que los mantiene en tensión durante las horas previas.

Incluso si queremos familiarizar al pequeño con su médico, podemos también acercarnos unos días para que hable con él y que el propio dentista le explique de manera sencilla y distendida qué es lo que le va a hacer, incidiendo en que no le causará dolor alguno. Para tranquilizarlos, podemos acordar también delante de ellos con el dentista que si sienten un mínimo de dolor bastará con levantar la mano para que el odontólogo se dé cuenta y pare. Incluso podemos pactar que si en una cita nos duele mucho, podemos volver otro día para terminar el trabajo (si es posible dejarlo a medias) y así descansar un poquito si el pequeño siente que le hacen daño.

Una vez allí, en la clínica, la sala de espera puede ser también un hervidero de nervios. A diferencia de los mayores, los niños no buscan el consuelo de las revistas del corazón o de coches, así que debemos ser previsores y llevarnos con nosotros una pequeña consola portátil para que puedan estar entretenidos.

Un penúltimo truco es explicar al pequeño lo importante que es ir pronto y a tiempo al dentista, ya que tardar mucho cuando tenemos un problema bucal puede provocar que este sea haga mucho más grande y que entonces sí podamos sufrir algo de dolor. Por ejemplo, podemos explicar que no tapar una pequeña caries, que no supone sufrimiento alguno, puede provocar un dolor grande a largo plazo si la muela se queda inservible y debemos sustituirla por una pieza artificial.

Si todavía así ninguno de estos trucos funciona para quitarles el miedo al dentista, siempre podemos utilizar el viejo truco del chantaje, aquel al que todos los padres han recurrido desesperados alguna vez y a través del cual les prometieron un juguete o algún capricho al pequeño a cambio de acudir al médico, de sacar buenas notas en el colegio o de portarse bien en alguna situación.

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