El peque se va de casa

Si algo tienen los hijos es que crecen. Se hacen mayores y se van de casa. En ocasiones de forma tan precoz que, a los papas no les da tiempo de aceptar ese cambio. Un día están cambiando los pañales a su bebé y al siguiente, el bebé se quiere ir a estudiar fuera. En los tiempos que corren, dentro de una sociedad que ha creado una generación conocida como “ninis” que un joven tenga esa inquietud de marcharse del nido para seguir estudiando, es todo un ejemplo a seguir y una razón para sentirse orgulloso u orgullosa del “peque”.

Todos sabemos la importancia de dejar a los jóvenes volar para que aprendan a manejarse por la vida. Cortar las alas a la juventud, supone ralentizar sus procesos naturales de crecimiento personal. Con lo que, si los hijos deciden irse a estudiar fuera, ya sea de la ciudad o del país, lo mejor que se puede hacer, es animarle a que siga su camino. Siempre hay tiempo para volver al nido en el caso de que las cosas no salgan como deben. Aunque lo ideal es que, logren por sus propios medios, salir adelante. Obviamente, contando con el apoyo de los padres.

Una de las opciones que más atrae a los papas, en el caso supuesto, es que los no tan niños, se instalen en una residencia de estudiantes como Larru. Preparadas para recibir estudiantes de todo tipo, las residencias disponen de todo lo necesario para que los jóvenes se independicen, pero sin estar totalmente solos. Cuestión que, a los papas, suele tranquilizar bastante. No es fácil dejar marchar al polluelo sin que todavía haya abierto del todo sus alas. Sin embargo, es la mejor forma de que aprendan a batirlas y manejarse sin miedos.

Para tranquilidad de los papas, deben saber que cada año, son muchos los jóvenes estudiantes que deciden dar el paso y abandonar el hogar familiar. Salir de su entorno y su zona de confort con la finalidad de meterse de lleno en la vida adulta y la aventura que supone. Aunque para todos no se trata de una circunstancia igual y la autonomía e independencia no es total en todos los casos. Existen jóvenes que se independizan manteniéndose por sí mismos, trabajando a la vez que estudian, en tanto que otros, cuentan con la sostenibilidad que les procuran sus padres. En cualquier caso, la experiencia vale la pena para ambas partes y aunque, el sustento siga siendo la familia, en la distancia, las cosas, se ven de otra manera.

La cuestión económica, queda en segundo plano, pues aun siendo un factor determinante para muchos, lo más importante es lo que, la aventura, supone a nivel emocional, social y psicológico para los jóvenes. En función del contexto particular de cada uno, sus situaciones y vivencias, el proceso de adaptación a su nueva vida, es diferente.

Un proceso de cambio

A través de los diferentes procesos psicosociales, vamos a trata de conocer los diferentes tipos de manifestaciones por los que pasan los nuevos jóvenes independientes para amoldarse a una situación nueva. El tránsito que experimentan la mayoría de estos jóvenes adultos destaca los diferentes procesos y factores que condicionan y determinan cuales son las capacidades necesarias de cada uno, para no abandonar y rendirse o, seguir adelante hasta llegar al final del camino. Son muchos los aspectos negativos que invaden el pensamiento de cada persona haciendo que erupcionen de tal manera que se invita a rendirse y volver al nido, en lugar de buscar soluciones y enfrentarse al reto.

No es fácil, cuando acometen los pensamientos negativos, avanzar. En tal caso, la mejor solución no es rendirse, sino enfrentarse a la situación y sortear los obstáculos. Durante ese proceso en el que la resistencia acompaña a los chavales, esa misma inercia que incita a rendirse, toma infinidad de rostros que acompañan a lo largo de ese nuevo camino que empieza. En muchas ocasiones, se extienden las inseguridades al tiempo que se abren paso las nuevas experiencias que configuran el comienzo y marcan la aptitud que definirá las personalidades de cada uno en el futuro, así como la forma en que gestionarán las diferentes situaciones.

Gran parte de los estudiantes, si no todos, sueñan con continuar sus estudios fuera del hogar familiar y el entorno conocido. Encontrar su lugar en el mundo, aprender de otros entornos diferentes y vivir experiencias únicas como las que aporta el estudio lejos del nido. A la hora de la verdad, no todos tienen el valor, los medios o la predisposición necesarias para hacer ese sueño, realidad.

Los datos, señalan que un cuarenta y ocho por cien de los estudiantes cursarán su formación superior fuera de su ciudad, mientras que el cincuenta y dos por ciento restante, se decantan por hacerlo en su misma provincia o comunidad autónoma. Las variantes son múltiples, pues aun estudiando en tu misma ciudad, puedes optar por abandonar el nido y vivir en un piso compartido o una residencia de estudiantes.

No obstante las variables  que cobran mayor relevancia en el momento de tomar la decisión, incluyen la economía y por supuesto, el carácter de la persona y sus aspectos emocionales y psicológicos que van a determinar si se posee la fortaleza mental necesaria.

Estudiar fuera… para bien y para mal

La experiencia es atractiva. Es más, debería ser de obligado cumplimiento cursar un año lectivo fuera del entorno para valorar ciertos aspectos de la vida que no valoramos cuando tenemos todo a la mano. Sin embargo, todo tiene su cara buena y su cara mala. Conviene analizar en más detalle cuales son esas ventajas y beneficios que aporta estudiar fuera de la ciudad e incluso, del país.

Uno de los aspectos que más se valoran es la adquisición de competencias que se logra cuando un joven se enfrenta a estudiar fuera. Se desarrollan habilidades intelectuales, físicas, manuales, sociales y personales que sirven para facilitar la adaptación y definen el carácter.

En la distancia se aprende a manejar las emociones de otra manera, se adquiere capacidad para reconocer y controlar de forma más eficaz los sentimientos. Al mismo tiempo que se aprende a identificar cuando, como, donde y con quien se puede hablar, hacer o expresar lo que uno siente ante determinadas situaciones, acciones y actitudes.

Como es obvio, se adquiere mayor autonomía. El aprendizaje sobre como vivir la propia vida y tomar las decisiones necesarias en cada momento sin tener el apoyo y la presencia de los padres, enseña a actuar de manera independiente. De tal forma, se aprende a actuar sin la necesidad de la compañía, el apoyo y el afecto de los familiares y amigos.

Todo esto, conduce al establecimiento de la propia identidad. Se trata de un proceso de construcción que atraviesa el adolescente para reconocerse a si mismo, tanto a nivel físico, como psíquico, e incluso, su identidad sexual.

Permite adquirir libertad en lo que a las relaciones interpersonales respecta. Durante esta etapa, los jóvenes, deben aprender a controlar la ansiedad, estar menos a la defensiva y a ser menos vulnerable. A la vez que adquiere una capacidad mayor para la espontaneidad, ser más proclive a las relaciones cordiales y amistosas y confiar en si mismo y sus propias capacidades.

Durante este camino, se reconocen los propósitos y objetivos personales que ayudan a clarificar la vocación y aspiración a nivel intelectual, en el ámbito cultural y recreativo, ayudando a desarrollar las aptitudes necesarias para saber establecer las metas e intereses propios de la vida.

Finalmente, se alcanza un alto grado de desarrollo de la integridad propia que exige, elaborar un conjunto personal de creencias y valores que ejerzan como guía del comportamiento personal y propio de cada uno.

Dentro de todos estos beneficios que se logran tras lanzarse a la aventura de estudiar fuera de casa, existen tantas ventajas como inconvenientes. La adquisición de todas estas competencias, no esta exenta de malos momentos. Enfrentarse a este cambio supone uno de los mayores retos en la vida de la persona. Su estado anímico y emocional, va a influir directamente en la toma de dicha decisión y en cómo va a asimilar el proceso.

La independencia, rompe de lleno con la cotidianidad, con lo conocido. Eso conlleva una serie de emociones que se van a experimentar de forma abrupta y que, siendo necesarias para cualquier ser humano, no todos afrontan de la misma manera. Sin embargo, todas ellas, contribuyen a que el joven estudiante, se sienta realizado.

El cambio de las rutinas habituales, reemplazadas por otras diferentes a nivel social y académico, lleva de la mano la nostalgia y añoranza de las situaciones conocidas, la familia y los amigos. Tener que tomar decisiones de manera autónoma, incita a esa necesidad de protección, fruto del desamparo que produce saberse en un lugar desconocido.

Quizá no todos los jóvenes estén preparados para este tipo de cambios. Por suerte, tanto para padres como para hijos, no se trata de una imposición. Si bien es cierto que, si se toma la decisión, aunque para muchos sea duro de inicio, a la larga es una de las mejores decisiones que se pueden tomar en esta vida.

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