Cuando nace un bebé, se le proporcionan todos los cuidados necesarios. Dándole una extrema importancia a factores como la alimentación, el sueño, los ojos e incluso los dientes. Sin embargo, algo que se descuida y, esto mismo pasa en la niñez, la adolescencia y la edad adulta, son los pies. Resulta interesante comprobar como una parte del cuerpo que sufre un desgaste continuo, no recibe los cuidados necesarios. Ni siquiera, en el momento de llegar al mundo y los meses que le siguen.
Los pies son una de las partes del cuerpo más importantes, se encuentran en continuo desarrollo y soportan el peso de todo el cuerpo, a lo largo de nuestra vida. Razón de más para que los expertos en podología pediátrica, se muestren cada vez más contundentes, recomendando encarecidamente, llevar a cabo un seguimiento de la evolución del pie desde la infancia. Siguiendo las recomendaciones de los podólogos, es posible prevenir o detectar las posibles patologías a tiempo.
Como sabemos, el pie de un niño, se encuentra en pleno desarrollo, crecimiento y formación. Un hecho que hace que los problemas sufridos en el pie, repercutan en otras zonas corporales. Educar a los niños en una correcta postura corporal y llevarlos con un calzado adecuado, resulta indispensable, puesto que es una de las claves de su desarrollo físico.
El estudio podológico de los pies infantiles, se centra en la flexibilidad el pie, las articulaciones, los huesos y los ligamentos, aun sin formar. Por lo que es de gran importancia que los papás, observen su crecimiento. En pocas palabras, los pies de los bebés no se encuentran formados totalmente, siendo diferentes a los de un adulto, por lo que necesitan vigilancia y cuidados concretos, con la finalidad de garantizar que su desarrollo, sea correcto.
Conociendo el pie del bebé
A parte de ser una monada, los pies de los bebés, suelen medir unos setenta y cinco milímetros, siendo redondos durante sus primeros meses. Esta particularidad que nos resulta adorable, se debe a la capa de grasa que rodea la planta, impidiendo que se vea la forma del pie y el arco plantar, como nos explica la profesional de la podología Dra. Anta María Oltra, en su centro de Podología Médica y Quirúrgica, con más de veinticinco años de experiencia en podología avanzada.
Durante el crecimiento, los huesos que componen el pie, se osifican poco a poco. Cada uno de ellos, lo hace en un momento diferente, como el calcáneo que tiene su núcleo de osificación en el nacimiento, mientras que el astrágalo, finaliza su osificación a los diez u once años, en el caso de las niñas y dos años después, en los niños.
De forma habitual, cuarenta y ocho horas después del nacimiento, se realiza a todos los bebés, la conocida prueba del talón, cuyo nombre clínico es prueba de detección precoz o cribado neonatal. Esta prueba, consiste en realizar una punción en el talón, extrayendo unas gotas de sangre. La finalidad de esta prueba, es poder hacer una detección precoz de enfermedades hereditarias del metabolismo, como puede ser el hipotiroidismo o la fibrosis quística.
Aunque cabe destacar que, desafortunadamente, las enfermedades que se pueden detectar con esta prueba, son incurables, lo positivo es que, detectarlas a tiempo, hace posible que se opte por el mejor tratamiento, minimizando los síntomas.
Otra de las pruebas que se hacen a los bebés, es valorar los denominados Reflejos de Babinsky, basado en los reflejos temporales que muestran los bebés, cuando se estimula la planta del pie, haciendo que el dedo gordo, se mueva hacia arriba, abriéndose el resto de dedos, en forma de abanico.
A la hora de calzar los pies de los bebés, como bien saben los papás y las mamás, la tarea, se vuelve odisea. Quitarse el calzado y llevárselo a la boca, es algo tan frecuente como natural. Esto se debe a que los pies de los bebés son un importante receptor sensitivo, por lo que los bebés, se basan en estos gestos para conocer el medio en el que se encuentran y desarrollan.
La tentación de comprar calzados de marca en miniatura siempre está presente, algo que los expertos en podología pediátrica, no comparten y aconsejan, puesto que se trata de un calzado rígido y sujeto que, no deberían utilizar hasta que empiecen a caminar. Hasta los doce meses, se aconseja que los bebés no lleven calzado, salvo en épocas de frío, donde los patucos, son la prenda adecuada para evitar los pies fríos.
Resulta importante que, a lo largo del desarrollo psicomotriz, el niño, empiece a gatear antes de caminar. Los beneficios del gateo son muchos, encontrándose entre ellos, el aprendizaje a la hora de coordinar caderas y hombros, la sensibilidad de la mano (lo que, en el futuro, beneficiará el desarrollo de la escritura y la lectura), o el desarrollo neurológico que se relaciona con la lateralización. Algo que no resulta para nada beneficioso, es recurrir a los andadores. Estos aparatos, fuerzan la posición de las caderas y la postura, cuando el pequeño todavía no ha desarrollado de forma gradual, la posición adecuada para ir en bipedestación.
El cuidado de los pies en los bebés
Como venimos diciendo, el cuidado de los pies de un bebé, es fundamental. Existen diversos aspectos a tener en cuenta, por lo que los papás y mamás primerizos, deben tomar nota de los siguientes puntos que vamos a citar.
Empezamos por las uñas y su corte. A la hora de hacer la pedicura de un bebé, hay que tener muy presente que son mucho más frágiles y quebradizas, su tendencia a romperse y el hecho de que, se encuentran más pegadas a la piel. Por estas razones, no hay que apurar cuando se cortan, es mejor dejarlas un poco más largas y cortarlas con mayor frecuencia o limarlas con suavidad. Tampoco es conveniente seguir la línea del dedo, con lo que se evita que se produzca una uña encarnada. Lo más que puede pasar, es que quede alguna irregularidad y se produzca algún arañazo. En tal caso, se puede recurrir a una lima especial para bebés y limar sin hacer presión.
Ante la observación de alguna rojez o inflamación en alguno de los laterales, mejor no tocar y acudir al podólogo para que lo revise. Lo más posible es que la uña se esté clavando.
En algunos casos, se pueden apreciar manchitas rojizas en los pies y otras partes del cuerpo del bebé. Es muy probable que se trate de una dermatitis atópica, para lo que se recurre a la aplicación de cremas regeneradoras. Para los pies de los bebés, no se utilizan cremas específicas, como hacemos los adultos, es suficiente utilizar la misma que se utiliza para hidratar todo el cuerpo.
Para los padres y madres, la risa de su bebé es tan bonita y gratificante que, resulta muy tentador hacerle cosquillas en los pies. Sea por costumbre o instinto, es muy habitual provocar esas carcajadas acariciando o haciendo cosquillas en los pies. Los expertos advierten que hay que tener cuidado, aunque los masajes en los pies son muy beneficiosos, la extrema sensibilidad de los pies de los bebes, puede hacer que las cosquillas se conviertan en algo muy incómodo y nada divertido para ellos.
Todos hemos visto a los bebés, llevarse los pies a la boca. Este hábito, gracioso y curioso al mismo tiempo, es fundamental para su correcto desarrollo y aprendizaje del entorno, les permite explorar y conocer su propio cuerpo, así como lo que les rodea. Sin olvidar que se trata, al mismo tiempo, de un reflejo de succión que les genera calma y proporciona seguridad.
Tras leer todo esto, es fácil preguntarse sobre cual es el momento adecuado para ir al podólogo con el bebé. Lo cierto es que no es necesario, salvo que existan dudas sobre como cortar las uñas o porque estas se le claven. La mejor edad para acudir al podólogo es a partir de los cuatro años, cuando se puede revisar completamente la biomecánica y hacer una revisión de los pies, con el desarrollo adecuado.
Hay que comprender que la biomecánica del niño, evoluciona a medida que crece, por lo que, llegada esa edad, se convierte en algo necesario e importante, contar con la valoración de un especialista, para saber si dicha evolución, se esta produciendo dentro de unos parámetros de normalidad, o es necesario seguir alguna recomendación o tratamiento.
En esa primera visita, el pequeño tiene una marcha autónoma que le permite andar por si solo. Estando en ese momento más desarrollado el pie, lo que permite determinar la existencia de alguna patología.
Dentro de un examen exhaustivo de podología, se valora la biomecánica del pie del niño. Es decir, se estudia la morfología del pie infantil y en que medida puede repercutir en otras partes del cuerpo. Al mismo tiempo, con un estudio de la biomecánica, se pueden detectar posibles patologías futuras del pie. Además, se valora la posición del pie, las alteraciones, las rodillas, caderas y espalda, con un estudio profundo sobre el pie y su comportamiento.
En definitiva, los bebés no tienen que acudir al podólogo, pero requieren un correcto cuidado de los pies. Al menos hasta que caminen por si mismos.



