La llegada de un hermanito

La llegada de un hermanito

Psicologia infantil
Cuando mi marido y yo nos decidimos a tener un segundo hijo, fue una decisión complicada. La situación económica no era boyante, nos pillo en plena crisis, sin embargo, no estábamos dispuestos a que Juan, nuestro primer hijo, fuera hijo único. Mi marido ya lo fue, y la verdad es que no es muy aconsejable. Sin embargo, nunca pensamos que la llegada a casa de Aitor, iba a provocar un cambio tan grande en la conducta de Juan. Hasta el punto de que tuvimos que acudir a un centro especializado en Barcelona en sicología infantil.

Allí comenzaron con unas sesiones en las que ya nos avisaron de que desde el primer día lo habíamos hecho mal. El tiempo de embarazo es la época en la que tenemos que sembrar para después recoger. Pero mi marido y yo estuvimos más preocupados de otras cosas, que de mentalizar al pequeño Juan de la llegada de su hermano.

Algunos consejos que nos dijeron que teníamos que haber hecho fueron cosas tan simples como ver fotografías de cuando él era un bebé, leer libros sobre cómo nacen los bebés, visitar amigos que tengan bebés, preparar juntos la bolsa para el hospital, pensar en posibles nombres para el bebé, dejarle que le acompañe al médico para escuchar el latido del corazón de su futuro hermanito. La verdad es que casi ninguna de las acciones las hicimos. Y mira que me arrepiento, porque hay que ponerse en la piel de Miguel, y reconozco que es duro. Creo que se sentía como el príncipe destronado.

En este centro especializado en la psicología infantil nos contaron que una vez que está en casa, llega otra fase vital. Está afortunadamente la supimos controlar a tiempo. Os cuento otros detalles que nos dijeron: Pues una buena idea es incluir a su hijo mayor lo máximo posible en las actividades diarias relacionadas con el cuidado del bebé para que no se sienta excluido. Así, aprendió a bañar a Aitor, hacíamos su bolsa, incluso fuimos juntos al pediatra.

Por ejemplo cuando yo amamantaba al bebé, él no podía participar, en ese momento es conveniente que tenga a mano juguetes para entretenerse. Tampoco tiene que sentirse como un padre.

Ahora bien, tampoco hay que compartir todo el tiempo. A ser posible, cuando el bebé duerma, pues lo mejor es pasar un rato a solas con el mayor dedicándole toda su atención. Si sabe que puede disfrutar cada día de un rato de atención exclusiva, es posible que eso ayude a atenuar cualquier resentimiento o enfado que pueda haber acumulado contra el bebé. Y es que si los celos son malos en una pareja, hay que imaginárselos como son en un hermano mayor.

Por último, hay que entender que el cambio es grande. Por lo tanto hay que comprender los cambios de actitud que puedan tener los hermanos mayores. Hay que huir de los castigos, de los gritos o de pensar que solo lo hace por llamar la atención. Si tu hijo o hija se porta mal, no permitas que se salte las normas ni sea demasiado blando con él, pero tienes que hacer un esfuerzo por entender qué sentimientos pueden estar motivando ese comportamiento.

De verdad que poniendo un poco de cada parte, se puede hacer más fácil la convivencia. A mí el resultado después de acudir a este centro de psicología ha sido genial. Miguel y Aitor juegan juntos, participan en las labores y se sienten hermanos de verdad. Eso no quite que en alguna ocasión tengan sus peleas. ¿Quién no las ha tenido? Solo el que tuvo hermanos lo sabe. ¿verdad?

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