Nuevos lugares para desarrollar el vínculo abuelos-nietos

No creo que ningún lector o lectora pueda rebatir que si existe un vínculo especial entre todos los lazos familiares existentes es el de la abuela con su nieto. El motivo es algo que se escapa a mi entendimiento, pero todavía recuerdo lo feliz que se ponía mi abuela cuando la íbamos a visitar a los apartamentos para mayores de Madrid en los que vivía y pasaba sus días junto a otras personas de su quinta. Se le iluminaba la cara cuando nos veía subir por el pasillo para llegar hasta su casa. Recuerdo también, casi como si hubiese vuelto a ir ayer mismo, la casa en la que residía. Su apartamento era una de esas viviendas independientes, pero tuteladas para mayores. ¿Qué significa esto? Muy sencillo, que la persona puede realizar su vida de forma totalmente libre e independiente, pero también disfruta de una atención personalizada y cercana del personal que trabaja en la entidad. Y, además, disfrutar de todas las actividades y ventajas de vivir en comunidad con otras muchas personas que se encuentran en su misma situación. Mi abuela, que tenía mucha sorna, lo llamaba “libertad vigilada”. Y siempre se echaba a reír. Una tarde nos confesó que allí vivía muy a gusto, a pesar de que al principio no sabía si dar el paso o no (todo lo hizo ella a raíz de que una amiga del barrio le habló del lugar y de que ella iba a irse allí porque en su casa había muchas cosas que ya no podía hacer sola). La casa tenía lo que todo apartamento que nos podamos imaginar: un pequeño salón comedor, una cocina muy apañada, un aseo con ducha adaptada y todo lo necesario y un amplio dormitorio. Además, un pequeño vestíbulo distribuidor y una terracita a la que mi abuela solía salir a mirar las flores del jardín que había justo debajo.

Cuando yo iba con mi familia a verla, recuerdo que jugábamos a juegos de cartas y cosas que se inventaba encima de la mesa del comedor. Aún me acuerdo del sonido de su risa cuando me hacía rabiar y me picaba porque me ganaba. Normalmente me ganaba porque se inventaba juegos y yo nunca terminaba de aprenderlos antes de que los cambiase. Pero era muy divertido. Como decíamos antes, el vínculo de un niño con su abuela es único. Además, en los últimos años puede que incluso se haya estrechado de una forma más drástica, debido a las circunstancias. Cada vez son más las abuelas y abuelos que tienen que verse en la obligación de cuidar a sus nietos para que sus padres puedan trabajar y llevar un sueldo a casa. Muchas veces, en la actualidad, un solo sueldo no alcanza para la manutención de toda la familia, la letra de la hipoteca y todos los gastos derivados de la casa, la comida, etc. Por eso, en la mayoría de ocasiones, son los abuelos los que aportan ese soporte extra, tanto a la hora de cuidar a los nietos y nietas para permitir la flexibilidad de horarios de los padres, como a la hora de aportar un pequeño granito en el sustento económico. Tal vez, esa necesidad, que hace pasar a los niños muchas más horas con la abuela y el abuelo, aumente la fortaleza de ese vínculo familiar.

La delicadeza de la situación, en cambio, viene dada cuando el anciano o anciana necesita algunos cuidados extra y ya empieza a no tener la misma capacidad para cuidar de sí mismo. Entonces es más complicado que sea el encargado de cuidar de un niño pequeño, que también necesita una serie de cuidados más atentos. En las grandes ciudades existen algunos centros que permiten una vida tranquila y llena de cuidados a los ancianos, que además siguen siendo independientes y pueden entrar y salir a su antojo. Se trata de apartamentos tutelados para mayores en Madrid o Barcelona, que permiten que el cliente haga una vida normal, sin demasiada incidencia del personal del centro, salvo cuando sea estrictamente necesaria. De esta forma, esa libertad se convierte en un desahogo para los padres y en una balsa de aire para ellos, que disfrutan de sus nietos como nunca.

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