Del miedo a la tranquilidad: nuestra experiencia en manos de una odontopediatra

Uf, la verdad es que me cuesta hablar de esto. Cuando pienso en aquel día, todavía se me encoge el corazón. Soy madre, y supongo que como cualquier madre, siempre hago todo lo posible por proteger a mi hijo. No me considero ni mejor que otra, o voy dando lecciones como si fuera la Cristina Pedroche.

Pero hay momentos en los que la vida nos sorprende para mal y no podemos evitar que algo pase. Eso fue lo que ocurrió aquella tarde en la que mi hijo, lleno de emoción por probar su patinete nuevo, terminó en el suelo, llorando y con los dientes rotos.

Recuerdo perfectamente el sonido de la caída. Me recordaba a cuando yo era una niña en mi pueblo. Yo estaba a pocos metros, y aunque corrí tan rápido como pude, no llegué a tiempo para evitarlo. Cuando lo levanté, vi su boca llena de sangre y dos de sus dientes delanteros partidos. No puedo ni pensar en ello. Él lloraba desconsolado, y yo apenas podía controlar mis propias lágrimas. De los peores momentos de mi vida que recuerdo.

Recuerdo que lo llevé en brazos al coche y salimos de inmediato a buscar ayuda. Pero no tenía una clínica dental de confianza en ese momento. Encontramos una clínica que estaba abierta, y aunque nos atendieron, salí de allí sintiéndome aún más perdida. Es lo que tiene las cosas de urgencias

Fue entonces cuando una amiga me habló de una clínica dental en Alcobendas, especializada en niños, se llamaba Smile Me. Me dijo que allí habían tratado a su hija y que la experiencia había sido excelente. Al día siguiente, sin pensarlo más, pedí cita.

La primera cita

La odontopediatra que nos atendió tuvo una paciencia infinita y es que en estos casos hay que tenerla. Me acuerdo que miró a mi hijo con cariño, y le habló despacio, inluso le hizo reír y consiguió que abriera la boca sin miedo. Y luego me explicó lo que había pasado.

Despues de todo esto, decidieron colocarle un pequeño aparato para proteger los dientes afectados. Mientras lo hacían, yo no dejaba de mirar. Pero pronto vi que estaba en manos profesionales que sabían exactamente cómo tratar a un niño.

Odontopediatra

Cuando terminó el tratamiento, la odontopediatra me habló de algo que hasta ese momento no había tenido demasiado en cuenta. Yo la verdad es que no sabía lo que era. Pues era la importancia de los buenos hábitos de salud bucodental en los niños.

Yo siempre había pensado que mientras los dientes de leche se cayeran algún día, no pasaba nada. Me explicó que no era así, que los buenos hábitos de salud bucodental se hacen desde que eres pequeño  y que es una parte fundamental de la educación.

También me insistió en algo que ahora considero fundamental: que los niños inicien sus visitas al odontopediatra cuanto antes. No se trata solo de revisar caries o cepillado, sino de controlar la erupción de los dientes de leche, el crecimiento de los huesos maxilares y la llegada de las primeras piezas definitivas. Todo esto permite detectar problemas antes de que aparezcan o evitar que se agraven.

Yo no lo sabía, pero me sorprendió escuchar que los tratamientos de odontopediatría están recomendados para niños y niñas a partir de un año de edad. Además, en la clínica incluyen a todos los peques en un programa de prevención coordinado por la odontopediatra, la ortodoncista y el departamento de higiene y prevención. Me pareció increíble que no solo se enfocaran en los niños, sino también en los padres. Porque, seamos sinceros, muchas veces somos nosotros los que necesitamos aprender cómo cuidar adecuadamente la boca de nuestros hijos.

Este programa incluye revisiones, y los consejos sobre alimentación, e incluso las enseñanzas sobre técnicas de cepillado y seguimiento del desarrollo dental. Gracias a esto, poco a poco fui sintiéndome más tranquila y más preparada para cuidar de mi hijo. Y, lo más importante, él empezó a perder el miedo. Ahora, cuando le digo que tenemos revisión, no pone excusas ni se asusta. Sabe que allí le tratarán con cariño y paciencia.

Mirando atrás, pienso que todo lo que vivimos fue duro, pero también necesario para aprender. Aquel accidente con el patinete me hizo darme cuenta de lo importante que es contar con profesionales especializados en niños. Y, sobre todo, entender que la salud bucodental no es algo que deba dejarse para cuando haya un problema. Es una parte esencial de su educación y de su bienestar general.

 

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